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martes, 29 de noviembre de 2011

La risa, un analgésico natural

Las carcajadas descontroladas liberan endorfinas que provocan euforia y ayudan al control del dolor


Hasta hoy, numerosos estudios han promovido la risa como una fuente de salud y bienestar, aunque pocos han constatado el porqué del beneficio físico de hacerlo, que va más allá del placer intelectual. ¿Por qué reír de forma descontrolada hace sentir tan bien? Solo el acto de sonreír ya pone en marcha un gran número de músculos del organismo, más de 300. Además, según una investigación reciente, la risa puede actuar como analgésico natural.
Por NÚRIA LLAVINA RUBIO


Aunque ya se había intuido en estudios anteriores, una investigación de la Universidad de Oxford, publicada en la revista "Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences", lo confirma. La risa puede ser un calmante natural de lo más efectivo. Los resultados ponen de manifiesto que quienes se ríen más son más capaces de soportar el dolor, en concreto, un 10% más. La condición: hay que reírse a carcajadas para que el cuerpo segregue endorfinas que, además de crear euforia, alivien el dolor.



Ayuda a calmar el dolor

Para llevar a cabo este estudio, los investigadores dividieron a los voluntarios en dos grupos. El primero visualizó vídeos de humor durante 15 minutos, mientras que el segundo grupo vio programas neutrales. Tras esta primera fase, se les sometió a pruebas para valorar su umbral de tolerancia al dolor. El resultado fue que quienes se habían reído fueron capaces de resistir el dolor más que los voluntarios que habían visto proyecciones menos divertidas. Además, se detectaron diferencias de resultados entre la risa y las carcajadas.
Mientras que la risa simple y llana no tiene ningún efecto analgésico, las carcajadas, sí. Estas últimas liberan endorfinas que, según demuestra este experimento, además de generar un estado de euforia, calman el dolor. Un posible motivo, explican los científicos, sería el vaciamiento de aire de los pulmones que se da al realizar una carcajada.


Con este estudio, y más allá de buscar nuevos tratamientos, los investigadores quieren explorar el papel de la risa en la fundación de las sociedades humanas hace dos millones de años, un aspecto que se estudia desde hace mucho tiempo. El siguiente paso será corroborar si reír, por sí mismo, hace más fácil que los grupos se unan, trabajen mejor en equipo y sean más generosos. Si fuera el caso, estos resultados podrían explicar por qué los primeros seres humanos fueron capaces de formar grandes comunidades tribales de hasta 100 miembros, mientras que los simios solo crearon agrupaciones con un máximo de 50 individuos.
Los científicos creen que la risa ayudó a agrupar a los seres humanos, tal y como han hecho actividades como el baile y el canto. Curiosamente, estas actividades también producen endorfinas.


Como si de ejercicio se tratara

Son muchas las investigaciones que desde hace años relacionan la risa con efectos positivos tanto en la salud como en la recuperación de las personas enfermas. Ya a fines del siglo XIX, el médico austríaco Sigmund Freud (padre del psicoanálisis) valoraba los beneficios que el acto de reír aporta al organismo, al liberarlo de la energía negativa. Multitud de estudios desde entonces la han relacionado con la mejora de la digestión, la disminución del estreñimiento, el fortalecimiento del sistema de defensas, el aumento de los niveles de oxígeno en todos los órganos, la liberación de las tensiones, la reducción del estrés y la mejora de la circulación o la presión sanguínea.
Investigadores de la Universidad de Loma Linda, en EE.UU., añadieron el año pasado un nuevo beneficio sumado a los citados: las carcajadas podrían provocar el mismo efecto que el ejercicio físico moderado, ya que causa cambios en dos hormonas relacionadas con el apetito -la leptina y la grelina-. William Fry, psiquiatra que ha estudiado los efectos de la risa durante más de 25 años, asegura en uno de sus estudios que tres minutos de risa intensa equivalen en salud a cerca de diez minutos de ejercicio aeróbico.
En su momento, estos estudios demostraron que la risa tiene efectos positivos en la regulación del sistema inmunológico, porque aumenta la producción de anticuerpos y activa ciertas células protectoras del organismo, como los linfocitos T citotóxicos, que son importantes para evitar la formación de tumores. Reír es tan necesario como dormir bien, llevar una vida saludable o practicar deporte. No obstante, parece ser que la rutina diaria dificulta este acto: a medida que se llega a la edad adulta se ríe menos y, si los niños lo hacen una media de 300 veces al día, los adultos no llegan a las 30.


REÍR COMO TRATAMIENTO

Según los resultados beneficiosos que provoca el acto de reír, no es extraño que varias organizaciones y agrupaciones de todo el mundo lo tengan en cuenta como parte de algunos tratamientos. En general, la risoterapia se utiliza para lograr estados de relajación y rejuvenecimiento o como coadyuvante para el control del estrés, la depresión, el insomnio o problemas cardiovasculares y respiratorios. Aunque en España aún no está demasiado establecida, en estos últimos años ha ganado terreno. Diversas sociedades médicas organizan cursos en sus congresos nacionales destinados a que los especialistas conozcan esta técnica como método paralelo de tratamiento. Un buen ejemplo de ello son los muchos hospitales que, en sus unidades de pediatría, cuentan contalleres de payasos para niños. También en geriátricos se organizan cada vez más talleres monográficos dedicados a la risa.





Los beneficios de llorar

Llorar permite reducir la intensidad de las emociones fuertes y trabajar con ellas para solucionar problemas


Nadie quiere llorar, pero derramar lágrimas no es perjudicial; más bien al contrario, es beneficioso para la salud mental y física. Gracias a ellas, se liberan las hormonas del bienestar que ayudan a disminuir los niveles altos de angustia y que actúan como un calmante natural de las emociones intensas. Después del llanto, se entra en un estado de cierta relajación... igual que después de la tormenta, siempre llega la calma.
Por CLARA BASSI




¿Por qué lloramos? La respuesta es simple: por motivos biológicos. Con el lloro se limpia el lagrimal, se consigue una adecuada hidratación del ojo y se liberan hormonas del bienestar. El estrés conduce a una sobrecarga de estas últimas y, al llorar, se elimina una parte de adrenalina, noradrenalina y oxitocina, además de opiáceos endógenos, un grupo de péptidos que provocan los mismos efectos que los analgésicos opiáceos.


"Estas hormonas permiten fijar la atención en los sentimientos, en aquello que se hace, en el organismo y en la persona misma", explica Raquel Molero, psicóloga de adultos de ISEP Clínic Barcelona. Estas sustancias operan en multitud de procesos, como la oxitocina, "que libera la madre cuando está cerca del hijo y le aporta sensación de calma. Del mismo modo, después de haber llorado mucho, queda una sensación de bienestar por la liberación de estas sustancias", agrega. Así pues, llorar es beneficioso.



De la emoción intensa a la calma tras llorar

El detonante del llanto son alteraciones del ánimo de intensidad elevada, sobre todo negativas, como pensamientos dañinos, malas noticias, tristeza o rabia, aunque también las emociones positivas, como una alegría muy intensa, informan Molero y Marc Planella, psiquiatra adjunto de la Unidad de Agudos del Parc Sanitari Sant Joan de Déu, de Sant Boi (Barcelona). Otra causa del lloro es la empatía. "Se puede empatizar con las lágrimas de otras personas. El llanto puede surgir ante una película o una obra de teatro en la que se conecta con los sentimientos que se presentan y entenderlos. Permite contactar mejor con los sentimientos de otros", cuenta Molero.



Además, según informa esta psicóloga, "los adultos lloran cuando se sienten impotentes ante un suceso concreto, para aliviar la tensión, eliminar la tristeza y comunicar cómo se sienten". Ante todos esos disparadores, los expertos no dudan: el principal beneficio de llorar es su efecto como calmante natural. Permite reducir la intensidad de las emociones fuertes y trabajar con ellas para solucionar problemas, coinciden Molero y Planella. A medida que las lágrimas resbalan por las mejillas, "disminuye el nivel de angustia", dice Planella. "Poco a poco la persona se relaja, se calma, se reduce la carga emocional y aumenta la lucidez para trabajar desde una parte más racional. El afectado consigue que esas emociones intensas se hagan más pequeñas y manejables", explica Molero.



Consecuencias de reprimir el llanto

Por el contrario, reprimir el llanto no favorece la salud. Sin embargo, socialmente tiene una connotación de debilidad y muchas personas, en su mayoría hombres, tienden a cohibirse. Según detalla Molero, se reprime porque, a través de la educación, se insta a los niños y a los hombres a no llorar. Están más vetados que las mujeres para dar rienda suelta a sus emociones; pueden expresarlas, pero no demasiado, ante el riesgo de parecer demasiado sensibles, débiles e inseguros.
Por este motivo, es crucial que desde la infancia se eduque a los niños para que expresen sus sentimientos y comuniquen sus emociones, ya que "llorar es una buena forma de expresarlas", destaca Molero. Según precisa, "es una válvula de escape y, como ocurre con una olla a presión, si una persona las reprime al límite y no se permite derramar lágrimas cuando lo necesita, cuanta más presión tenga, esa emoción se manifestará de forma más incontrolable".
Otras consecuencias de aguantar el llanto es que se contiene más rabia y agresividad y muchos trastornos de ansiedad se somatizan cuando se bloquean todas las emociones, entre otras, con manifestaciones en la piel.

LLANTO SANO, LLANTO PATOLÓGICO




La tristeza es un sentimiento natural. Ante un acontecimiento vital como la muerte de un ser querido, lo normal es pasar un tiempo de duelo, de profunda tristeza. Pero muchas personas, lejos de reaccionar en el primer momento, se quedan bloqueadas. "Hay que enfrentarse a las emociones. Pasarlo mal. Hay que aceptar que hay emociones buenas y negativas y no se deben eliminar estas últimas. Ambas forman parte de la vida y, en ocasiones, hay que sentirlas. Evitarlas o bloquearlas solo hará que continúen ahí. Hay que enfrentarse a ellas, aunque duela", sentencia Raquel Molero.
Además, "las personas que lloran no suelen tener un trastorno psiquiátrico. Llorar no es ninguna enfermedad, sino una reacción normal", expone Marc Planella. No obstante, aclara que "llorar tampoco es preventivo" de depresión o de trastornos de ansiedad. No evita tener una patología mental -que depende de determinados factores de la personalidad de cada uno-, pero puede paliar los síntomas de esas enfermedades en un momento concreto.
El lloro sano, según destaca este psiquiatra, es proporcional al motivo que lo desencadena. Es normal cuando se asocia a un hecho luctuoso, como un fallecimiento, pero no lo es si se asocia a síntomas como no dormir, sufrir angustia, dejar de comer, perder peso, sentirse sin ánimo de hacer nada, estar muy tristes, no moverse de la cama, tener ganas de morirse o ideas suicidas. En estos casos, es desproporcionado y podría ser una señal de trastorno mental en la que el lloro es uno de los síntomas, como un trastorno depresivo o bipolar, según Planella. No obstante, advierte de que la sociedad coetánea ha cambiado y, en ocasiones, "se medicaliza" el tratamiento de sentimientos, como la tristeza, que son naturales y que el ser humano debe sobrellevar.